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Especular con divisas

En los comentarios del último post un lector preguntaba cuáles son las divisas con mayor potencial. La respuesta fue que los movimientos de éstas son bastante impredecibles, o expresado por Gurús Mundi, “la especulación en divisas es la madre de todas las especulaciones”. Esto no significa que no se pueda ganar dinero con ellas, sino que hacerlo no es tan fácil como los trileros de los chiringuitos forex que pululan por los foros financieros nos quieren hacer ver.

Valga como ejemplo que hace apenas unos años el euro se cotizaba a 82 centavos de dólar mientras que ahora vale 137 centavos, un movimiento cercano al 70%. ¿Cómo es posible que el valor relativo de las 2 monedas más importantes del mundo cambie casi un 70% en tan sólo unos años? Pues esto se debe a que las divisas carecen de un “benchmark” o punto de referencia, lo que propicia que se muevan casi exclusivamente por el sentimiento del mercado.

La teoría del PPP (purchasing price parity) es uno de los intentos de fijar un punto de referencia. Según esta teoría, las divisas deberían tender hacia un nivel donde el precio real de las cosas es el mismo en todos los países. De este modo, si los bienes y servicios son demasiado caros en un país, su divisa debería caer a largo plazo (y vice versa).

El famoso índice Big Mac, que aparece de vez en cuando en la revista The Economist, está basado en este mismo análisis. Sólo que en lugar de utilizar una cesta de bienes y servicios, utiliza la conocida hamburguesa de McDonald’s. La tabla a de la izquierda es la última elaborada (Julio del 2007). Según ella, la moneda más infravalorada es el yuan chino (-58%) y la más sobrevalorada es el franco suizo (+53%).

Este índice tiene unos cuantos problemas. El precio de un Big Mac no sólo refleja el coste del pan y la carne, si no también elementos difícilmente comerciables como los salarios o el alquiler de un local. Por tanto el índice Big Mac no tiene mucho sentido cuando se comparan países con diferente nivel de desarrollo. Además, comer un Big Mac significa cosas diferentes en distintos países (lujo o suplicio), y los difentes niveles de impuestos, competición o tarifas de importación para los componentes de esta hamburguesa no tienen por qué ser representativos de toda la economía de un país.

Por supuesto, el verdadero PPP no se basa sólo en el precio de un Big Mac. Exportaciones, importaciones, tipos de interés, desempleo, situación política, producción industrial… casi cualquier variable que se nos ocurra tiene su efecto en el PPP. El problema es que en la práctica la teoría del PPP no parece tener gran impacto en el movimiento de las divisas, seguramente debido a que la gente que vive en un pequeño apartamento de Londres no tiende a irse a vivir a un gran caserón en Australia por más que el precio de este último sea una ganga.

A falta de un punto de referencia o de teorías con mayor capacidad predictiva, sólo queda lo que hemos mencionado: el sentimiento de mercado. El mercado lleva ya un tiempo dando la espalda al dólar a pesar de los buenos datos de la economía americana y de los intereses al alza. Se supone que es más importante el déficit en la balanza comercial… pero la relativa importancia de los factores es algo bastante subjetivo.

En conclusión, no es que piense que se deban dejar a un lado las divisas, pues ocasionalmente si aparecen buenas oportunidades en este mercado, pero creo que lo más sensato es operar sólo cuando se está muy seguro de hacia dónde va a ir el mercado. Es más, incluso cuando se aprecian casi todos los fundamentales de cara, lo mejor es dejarse de heroicidades y esperar a que cambie la tendencia, pues como estamos viendo con el yen, el mercado suele ir bastante más lejos que lo que los expertos y el sentido común pronostican.

Por último, dejo las últimas tablas sobre divisas y tipos de interés publicadas por Dinero Quince, la división Consejos de inversión de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios). No son las tablas de la ley divina, pero si pueden resultar una buena referencia para el inversor que se encuentre un poco perdido.


Análisis Técnico

Los analistas técnicos son en mi opinión los astrólogos del mercado. Salen de vez en cuando en los periódicos y ocasionalmente en la televisión, pero donde realmente son los reyes es en internet. Unos suenan mejor y otros peor, unos lo hacen gratis y otros cobran 30 euros. A mi a veces me gusta entretenerme leyendo a los que suenan bien y lo hacen gratis, pero en cuestión de credibilidad salen todos muy mal parados: les doy entre muy poca y nula.

Los chartistas creen que se pueden establecer determinados patrones en los gráficos, y por lo tanto predecir futuros movimientos del precio. Cogen el gráfico, dibujan unas cuantas líneas por aquí y por allá, conectan máximos y mínimos, echan un vistazo al volumen y ya tienen el análisis hecho aunque no tengan ni idea sobre el mercado en el que vayan a operar. Es lo bonito del chartismo, no hay necesidad ninguna de echar un ojo a los fundamentales.

Cada analista técnico tiene su propia variación del método, su propio “sistema”, normalmente basado en la creencia de algún gurú de hace años, o también en su propia apreciación del histórico de los mercados (es una pena que la mayoría de estas pautas formadas en el pasado tuvieran lugar de manera accidental, y no suelan cumplirse en el futuro). Además, usan una jerga que parece la mar de científica, algo que siempre ayuda a convencer. Resistencias, soportes, hombros, ondas, bandas, medias móviles, consolidaciones, estocásticos, SARs, RSIs, pivots… un sin fin de términos que transmiten al no iniciado la profundidad y complejidad del sistema.

En mi cruzada para no perder dinero en bolsa me he encontrado una y otra vez con esta metodología, pero el análisis técnico nunca ha pasado de ser una mera distracción en mi historial como inversor. No voy a mentir, de vez en cuando me gusta echar un ojo a los gráficos en cuanto me parecen interesantes para tener una idea sobre hacia dónde se mueve el mercado, y sobre cómo reacciona ante determinados sucesos imprevistos. Pero a partir de ahí, hay 3 cosas que tengo bastante claras:

La primera es que las enseñanzas del análisis técnico han sido descartadas por la ciencia económica, que precisamente se dedica a buscar teorías del comportamiento económico humano. La segunda es que el análisis técnico no tiene una base matemática sólida, es más, la mayoría de los analistas técnicos que conozco batallan con un nivel matemático bastante precario. La tercera, y sin duda la más reveladora, es que no conozco ni he oído sobre ningún analista técnico que esté triunfando por la City, y no será porque no hay bonuses millonarios para aquel que demuestre su capacidad. Eso sí, no pierdo la esperanza de que tarde o temprano encontraré a alguno por simple probabilidad.

El único valor que le doy al análisis técnico es que al tener tantos adeptos se haya convertido en una profecía que se autoalimenta, una mentira repetida muchas veces. Si todo el mundo espera que un valor rebote en los 37.42 euros por vete a saber que rayita pasa por allí, es probable que lo acabe haciendo puesto que todos comprarán a ese precio para pillar el comentado rebote. Al que le queden ganas de probar suerte le recomiendo “Análisis Técnico de los Mercados Financieros”, de John J. Murphy.

Para mi el análisis técnico seguirá siendo creencia, azar, fe, suposiciones o como se quiera llamar. Un pasatiempo al que puede acceder todo el mundo con un buen libro y un software relativamente moderno, aunque luego cada uno vea lo que quiere ver. Por cierto, el jueguecito genera un mar de comisiones con sus continuas entradas y salidas… y me han dicho que hay empresas que viven de eso.


Carry-trade hara-kiri

El yen sigue rompiendo mínimos en relación al euro y al dólar, siendo la moneda con peor comportamiento entre las 72 principales divisas a nivel mundial. Esto contrasta con las predicciones de los pesos pesados de los mercados, como los alemanes de Deutsche Bank o los suizos de UBS, que desde hace ya tiempo venían apostando por una recuperación del yen.


Que los analistas no acierten no supone ninguna sorpresa. Lo novedoso del asunto es que en esta ocasión la excusa por la falta de tino no son los hedge funds y sus agresivos instrumentos financieros. Esta vez los culpables parecen ser las amas de casa y los pensionistas que se dedican a apostar en contra del Yen en sus ratos libres.

Mientras en China el pasatiempo más popular es invertir en bolsa, en Japón la moda es especular con su divisa. Los inversores se endeudan en yenes (al 0.5% bien se puede) para aprovecharse de los superiores tipos de interés de otras monedas como el dólar neozelandés, el australiano, la libra… Los más aventureros se atreven con el real brasileño y la lira turca.

“Los intereses en Japón son demasiado bajos” dice Hiroshi Ono, una empleado de una empresa de telefonía en Tokio. Ono ha ganado unos 17.000 dólares en los últimos 4 meses, simplemente tomando prestados 200.000 yenes y aprovechando el 4.75% de diferencia que hay entre el interés japonés y el americano. También el dólar neozelandés con intereses del 8% se abre paso entre los favoritos. El famoso “carry trade” en su versión “hágalo usted en casa”.

Estos especuladores aficionados representan el 15% del trading en yenes, un porcentaje que les otorga la capacidad de sostener el yen frente a otras divisas y de paso contradecir a la mayoría de los analistas que el trimestre pasado apostaban por el yen a 115 por dólar para estas fechas. Y es que en lo que va de año ya se han abierto 600,000 cuentas privadas dedicadas a especular con divisas, un 80% más que el año anterior.

Yukiko Ikebe, una ama de casa de 59 años, fue recientemente acusada de evadir impuestos por valor de 139 millones de yenes en sus ganancias de 407 millones con el carry trade. Yuji Sito, jefe del Departamento de Divisas Extranjeras de Societe Generale en Tokio bromeó con contratarla.

“Es mejor que especular con acciones, porque además de la posible revalorización tienes un porcentaje de interés asegurado”, dice Naoko Ogawa, una escritora que utiliza depósitos de 1,000 euros para operar apalancada con 10,000. El apalancamiento entre 10 y 30 veces es lo más usual.

El Banco de Japón ya ha advertido sobre el riesgo de tomar decisiones imprudentes basadas en premisas incorrectas sobre los mercados de divisas y los tipos de interés. Este año ya tuvieron un susto en Febrero, cuando con la caída en China los gestores de fondos se apresuraron a cerrar posiciones arriesgadas y repagar los préstamos en yenes. El yen subió un 2.3% ese mismo día, pero el asunto no pasó a mayores.

En todo caso, no se debe olvidar lo que pasó en octubre de 1998, cuando Rusia anunció el default de su deuda externa y el LTCM quebró por hacer “carry trade” con la moneda japonesa comprando bonos rusos. Con el default, todos los especuladores trataron de repagar sus préstamos en yenes, lo que apreció esta moneda un 22% en relación al dólar en sólo tres días. Añádele una pizca de apalancamiento y… hara-kiri!