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Ayudar a Africa

James Shikwati es un economista libertario keniata que defiende que la ayuda externa a los países subdesarrollados tiene un efecto contraproducente. Su argumento se basa en que estas ayudas son usadas por los políticos para manipular a la gente e influenciar el voto, y además son el mecanismo utilizado por los países desarrollados para deshacerse de sus excedentes agrícolas. Si los aranceles y las altas subvenciones ya se lo ponen casi imposible a los agricultores africanos, la llegada de toneladas de alimentos gratuitos a su mercado local acaba con cualquier posibilidad de crecer y competir.

En esta entrevista que le hizo el Der Spiegel, Shikwati habla del desastroso resultado de la política occidental para el desarrollo en África, de dictadores corruptos, y de la tendencia de exagerar el problema del SIDA. Muy interesante.

SPIEGEL: Mr. Shikwati, el encuentro del G8 en Gleneagles va a tratar el aumento de la ayuda para el desarrollo en África…

Shikwati: … Por el amor de Dios, paren ya con eso.

SPIEGEL: ¿Parar? Las naciones occidentales quieren acabar con el hambre y la pobreza.

Shikwati: Esas intenciones llevan haciendo daño a nuestro continente durante los últimos 40 años. Si los países industrializados quieren de verdad ayudar a los africanos, deberían terminar de una vez con esas dichosas ayudas. Los países que más ayuda para el desarrollo han recibido son precisamente los que están en una situación más lamentable. A pesar de los miles de millones que se han arrojado sobre África, el continente permanece en la pobreza.

SPIEGEL: ¿Tiene una explicación para esta paradoja?

Shikwati: El dinero de ayuda para el desarrollo sirve para financiar enormes burocracias y para promover la corrupción y la autocomplaciencia. Enseña a los africanos a ser mendigos en lugar de ser independientes. Además, la ayuda de los países desarrollados debilita todos los mercados locales y socava el espíritu empresarial que tanta falta hace. Es tan absurdo como suena: la ayuda al desarrollo es una de las razones que explican los problemas de África. Si Occidente cancelara las transferencias, los africanos de a pie ni siquiera se darían cuenta. Sólo los funcionarios y burócratas lo lamentarían. De ahí que sean ellos mismos quienes sostengan que el mundo dejaría de girar sin la ayuda a África.

SPIEGEL: Incluso en un país como Kenia, hay gente que muere de hambre cada caño. Alguien los tendrá que ayudar.

Shikwati: Sí, pero tienen que ser los propios keniatas quienes ayuden a esa gente. Cuando hay una sequía en una región de Kenia, nuestros políticos corruptos deliberadamente claman por más ayuda. Esta petición llega al Programa de Alimentos de la ONU -una agencia repleta de apparatchicks que se encuentran en la absurda situación de, por un lado, dedicarse a luchar contra el hambre mientras que, por otro, confrontarían el desempleo allí donde el hambre fuera finalmente eliminado- Naturalmente ellos aceptarán tramitar esta petición de ampliar la ayuda. Incluso suele ser frecuente que pidan más dinero del que los gobiernos originariamente solicitaron. Entonces remiten esta petición a la sede central y, poco después, miles de toneladas de cereales son remitidas a África.

SPIEGEL: …cereales que proceden sobre todo de los grandes subsidios europeos y americanos a sus granjeros.

Shikwati: … y al mismo tiempo, los cereales van a parar al puerto de Mombasa. Una porción de los cereales va directamente a las manos de políticos sin escrúpulos que luego lo entregan a sus clientes políticos para impulsar su próxima campaña electoral. Otra porción del envío va a parar al mercado negro donde el mercado se vende a precios extremadamente bajos. Los granjeros locales tienen que dejar de usar sus azadas; nadie puede competir con el Programa de Alimentos de la ONU. Y precisamente porque los granjeros se hunden ante esta presión, Kenia no tendrá reservas para confrontar una futurible hambruna el año próximo. Es un ciclo simple pero fatal.

SPIEGEL: Pero si el Programa de Alimentos no hiciera nada, la gente moriría de hambre.

Shikwati: Lo dudo mucho. En un caso así, los keniatas, para variar, estarían forzados a iniciar relaciones comerciales con Uganda o Tanzania y comprar allí su comida. Este tipo de comercio es vital para África. Nos forzaría a mejorar nuestras propias infraestructuras, mientras que haríamos nuestras fronteras -trazadas por los europeos, no lo olvidemos- más permeables. Nos serviría también para fomentar leyes que favorecieran el libre mercado.

SPIEGEL: ¿Será África capaz de solucionar todos estos problemas por sí sola?

Shikwati: Por supuesto. El hambre no debería ser un problema para la gran mayoría de países subsaharianos. Es más, hay una gran cantidad de recursos naturales: petróleo, oro, diamantes. África siempre ha sido representada como el continente del sufrimiento, pero la mayor parte de las cifras exageran la realidad. En las naciones ricas, prevalece la idea de que África se hundiría sin la ayuda al desarrollo. Pero créame, África existió antes de que los europeos la descubrieran. Y tampoco lo hacíamos tan mal.

SPIEGEL: Pero el SIDA no existía en aquellos momentos.

Shikwati: Si uno se creyera todos los informes catastrofistas, entonces todos los keniatas deberían haber muerto ya. Pero ahora, se están llevando a cabo pruebas en todas partes, y se demuestra que las cifras estaban muy infladas. No hay tres millones de keniatas infectados. De repente, sólo hay un millón. La malaria es un problema tan o más importantes, pero la gente pocas veces habla sobre ella.

SPIEGEL: ¿Y por qué?

Shikwati: El SIDA es un gran negocio, quizá uno de los mayores de África. No hay nada que puede generar tanta ayuda al desarrollo como las impactantes cifras de seropositivos. Aquí el SIDA es una enfermedad política, y deberíamos ser bastante escépticos.

SPIEGEL: Los americanos y los europeos han congelado los fondos que previamente habían prometido a Kenia. El país es demasiado corrupto, dicen.

Shikwati: Me temo, sin embargo, que el dinero seguirá siendo transferido. Al fin y al cabo, tiene que destinarse a algún lado. Por desgracia la devastadora necesidad de los europeos por hacer el bien no puede ser rebatida racionalmente. En cualquier caso, no tiene sentido que poco después de que el gobierno keniata fuera elegido -un cambio de liderazgo que terminó con la dictadura de Daniel arap Mois- los grifos se abrieran repentinamente y se introdujeran en el país grandes sumas de dinero.

SPIEGEL: Con todo, esa ayuda normalmente se destina a objetivos específicos.

Shikwati: Eso no cambia nada. Los millones de dólares destinados a luchar contra el SIDA aún están guardados en los depósitos bancarios de Kenia sin haber sido empleados. Nuestros políticos se sintieron “abrumados” con el dinero, y decidieron desviar tanto como pudieron. El último tirano de la República Centroafricana, Jean Bedel Bokassa, lo resumió cínicamente diciendo: “El gobierno francés lo paga todo en nuestro país. Pedimos dinero a los franceses. Lo obtenemos, y luego lo malgastamos.

SPIEGEL: En Occidente, hay muchos ciudadanos compasivos que desean ayudar a África. Cada año donan dinero y envían sus ropas viejas.

Shikwati: …e inundan nuestros mercados con esas cosas. Nosotros podemos comprar las ropas donadas más baratas en los denominados mercados Mitumba. Hay alemanes que se gastan unos pocos dólares para obtener jerseys usados del Bayer de Munich o del Werden Bremen; en otras palabras, compran la ropa que otros alemanes enviaron a África por una buena causa. Después de comprar los jerseys, los subastan en Ebay o los vuelven a enviar a África -con su precio triplicado. Es una locura.

SPIEGEL: … y por fortuna una excepción.

Shikwati: ¿Por qué recibimos montañas de ropa? Nadie pasa frío aquí. En cambio, nuestros sastres abandonan su estilo de vida. Están en la misma situación que nuestros granjeros. Nadie en el mundo africano de los salarios bajos puede ser suficientemente eficiente en costes para competir con productos regalados. En 1997, 137.000 trabajadores estaban empleados en la industria textil de Nigeria. En 2003, esa cifra había caído a 57.000 personas. Los resultados son los mismos en todas las otras áreas donde la abrumadora caridad y la fragilidad africana colisionan.

SPIEGEL: Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania sólo se sostuvo porque los americanos enviaron su dinero a través del Plan Marshall. ¿No implica ello un triunfo de la ayuda al desarrollo?

Shikwati: En el caso de Alemania, sólo tenía que ser reparada la infraestructura destruida. A pesar de la crisis económica de la República de Weimar, Alemania estaba muy industrializada antes de la guerra. Los daños causados por el tsunami en Tailandia también pueden ser reparados con un poco de dinero y mano de obra proveniente de la caridad. África, sin embargo, tiene que dar los primeros pasos hacia la modernidad por sí misma. Tiene que producirse un cambio de mentalidad. Debemos dejar de vernos a nosotros mismos como unos pedigüeños. Estos días, los africanos se ven a sí mismos como víctimas. En cambio, nadie puede imaginarse a un africano como empresario. Para cambiar la situación actual, sería de gran ayuda que las ONGs se retiraran.

SPIEGEL: Si lo hicieran muchos trabajos se perderían inmediatamente.

Shikwati: …trabajos que fueron creados artificialmente y que distorsionan la realidad. Los trabajos de las ONGs son bastante populares, y pueden llegar a ser muy selectivos a la hora de escoger a la mejor gente. Cuando las ONGs necesitan a un conductor, docenas de personas solicitan el trabajo. Y precisamente porque resulta inaceptable que el chófer del trabajador hable solamente su lengua tribal, necesitan que también hable inglés de manera fluida -y, por qué no, que sea educado. Al final, tienes a un bioquímico africano haciendo de chófer para un miembro de una ONG, encargado de distribuir comida y forzar a los granjeros locales a abandonar sus trabajos. Es simplemente demencial.

SPIEGEL: El gobierno alemán se enorgullece precisamente por controlar a los receptores de sus fondos.

Shikwati: ¿Y cuál es el resultado? Un desastre. El gobierno alemán regalándole el dinero a Paul Kagame, el presidente de Ruanda. Un hombre que tiene en su conciencia la muerte de un millón de personas -personas que su ejército mató en el país vecino, el Congo (conocido como Zaire hasta 1997).

SPIEGEL: ¿Qué se supone que deberían hacer los alemanes?

Shikwati: Si realmente quieren combatir la pobreza, deberían paralizar completamente la ayuda al Tercer Mundo en África y darle una oportunidad para que consiga su propia supervivencia. En estos momentos, África es como un bebé que inmediatamente llora para que venga su niñera cuando algo va mal. África debería sostenerse sobre sus propios pies.


Freakonomics (economía friki)

  • Autor: Bolsaovejuna
  • Archivado en: Lecturas
  • Fecha: Mar 14,2007

Qué es más peligroso, ¿una pistola o una piscina? ¿Qué tienen los profesores y los luchadores de sumo en común? ¿Por qué los camellos siguen viviendo con sus madres? Éstos son algunos de los temas principales que Steven D. Levitt y Stephen J. tratan en este libro de frikoeconomía, que me habían recomendado más de una vez, pero que no había tenido tiempo de leer hasta ahora.

Freakonomics no tiene un tema central, simplemente lanza al aire preguntas extrañas que son respondidas con comparaciones impensables pero cargadas de pura lógica. De este modo, trata la economía del “día a día”, alejándose de las interminables listas de cifras y estadísticas tan típicas en los libros del mundillo. Se plantea un problema, se lanza una hipótesis y se prueba. Simple y al más puro estilo de la economía aplicada.

Como aspectos negativos, se podría criticar el hecho de que la mayoría de los asuntos están centrados en la sociedad americana. Muchos podrían ser fácilmente extrapolables a otros países, pero otros tantos no. También resulta molesto que el autor reincida una y otra vez sobre un punto que desde los primeros capítulos ya queda bastante claro: es conveniente mirar la realidad desde distintos puntos de vista.

Aunque leer Freakonomics no ayuda descubrir qué empresas reventarán al alza durante los próximos años, si te enseña a desconfiar de prejuicios y primeras impresiones. Te invita a raspar sobre la superficie, revisar conceptos que se dan por sentado, a hacerte preguntas… y eso puede resultar muy útil a la hora de invertir, aunque quizás no tanto para multiplicar tus ahorros como para no perderlos.

Ya de paso, comentar que los autores tienen un blog con el mismo nombre http://www.freakonomics.com/blog/. Con un par de posts diarios, siempre cae algo interesante.


Libros de trading

  • Autor: Bolsaovejuna
  • Archivado en: Lecturas
  • Fecha: Mar 8,2007

Acabo de terminarme un libro sobre trading. De hecho ni tan siquiera me lo leído propiamente, puesto que ya antes de llegar a la mitad me sorprendía a mi mismo saltándome algún párrafo que otro, que pronto empezaron a ser páginas y al final incluso capítulos enteros.

Siempre que me acerco a uno de estos libros me pregunto lo que pasa por la cabeza del autor para escribirlo, y llego a la conclusión de que es lo mismo que pasa por la mía cuando tengo una idea: “¿Cómo puedo ganar dinero con esto?” Pues parece que esta gente piensa que para sacar dinero a su idea lo mejor es intentar convencer a otros de que esa idea es buena para ellos, tan buena que deberían pagar por conocerla. Suena raro, ¿no? La única razón para hacer algo así es que crean que la idea va a darles más beneficios siendo vendida que puesta en práctica, así que no puede ser tan buena, después de todo.

Muchos de estos autores se llenan la boca demostrando como sus sistemas dan enormes porcentajes de ganancias en simulaciones históricas. Otra falacia. Un buen sistema en el pasado puede no serlo en el futuro debido, por ejemplo, a la extensión de su uso. El hecho de que un método haya servido para ganar mucho dinero en el pasado incrementa la probabilidad de que otra gente haya empezado a usarlo (o a utilizar otros similares), por lo que ya no funcionará igual de bien. Otras razones incluyen la llamada “paradoja de optimización (en inglés)“, el hecho de que el sistema sea tan complicado que carezca de valor predictivo o mismamente debido al azaroso azar.

Sea como sea, ya tengo una opinión formada: no pienso volver a pagar un duro para saber lo que esta gente cree que sabe.