Páginas

Cena de despedida del sistema financiero

Comentario de Mark Gilbert

Los grandes y buenos del capitalismo y el libre mercado tuvieron una cena de despedida del sistema financiero global esta semana en un escondite secreto . Mientras el camarero vertía de una botella de Chateau Margaux de 1985, comenzaron las acusaciones.

“Culpo a los bancos centrales”, gruñó el operador de bonos apuñalando el aire con un tenedor con bistec crudo. “Si Alan Greenspan no hubiera mantenido bajas las tasas al comienzo de la década, no estaríamos en este lío. ¡Ahora hablan de llenar el bol de ponche cuando los invitados a la fiesta están borrachos como uvas!”

“Les dijimos que no estábamos en el negocio de identificar burbujas, mucho menos en el de pincharlas”, respondió el funcionaro del banco central, mordisqueando una hoja de lechuga. “Les advertimos que los diferenciales de crédito, los rendimientos de los mercados emergentes y la volatilidad de las acciones y los bonos eran demasiado bajos, y que ustedes estaban subestimando el riesgo”.

El funcionario del banco central tomó un sorbo de su copa de vino, que acababa de volver a llenar. “¿Puede imaginar la indignación si procurábamos detener el aumento astronómico de la titularidad de casas? Creo que descubrirá que los verdaderos villanos son los prestamistas hipotecarios; si no hubieran pisoteados sus pautas con préstamos certificados por ellos mismos y con datos de mentira, la crisis del mercado residencial hubiera quedado confinada”.

“Eso no es justo”, dijo el prestamista hipotecario. “Las reglas del juego no eran parejas. Fannie Mae y Freddie Mac estaban usando la garantía implícita del Gobierno para distorsionar la competencia en los préstamos hipotecarios. Nos vimos obligados a aceptar más prestatarios de alto riesgo tan solo para seguir en el juego; si no hubiera sido por todos esos sagaces productos derivados, nunca hubiéramos podido reciclar toda esa basura tóxica y mantener en pie la estratagema de la pirámide”.

El cuco

“Ah, el cuco de los derivados”, dijo con una sonrisa el especialista en finanzas estructuradas. “Escuchen, los derivados no matan los mercados. Los mercados matan los mercados. Todo lo que hicimos tenía por finalidad promover la eficiencia permitiendo que los inversores desagregaran sus riesgos. Puedo mostrarles las facturas de mis abogados para que vean que todos los productos que inventamos eran legítimos”.

“Todo lo que hicimos fue ofrecer consejos sobre el mejor método de estructurar las transacciones de titulización”, dijo el abogado de mercados de capital. “Nunca hubiera habido un mercado para las más picantes obligaciones negociables garantizadas con un fondo de deuda si las compañías de calificación hubieran hecho una labor adecuada de diligencia debida, en vez de asignarle calificaciones de AAA a todo lo que ofrecía pagarles una comisión”.

“Uno difícilmente puede esperar que las mentes más brillantes de las finanzas vengan y trabajen para nosotros cuando pueden ganar bonificaciones descomunales haciendo el mismo trabajo para un banco de inversión”, dijo el asesor de calificación crediticia. “Dependíamos de los modelos informáticos que los bancos nos ayudaron a crear, y estos modelos, digamos, distaron de ser perfectos. Además, todo estaba bien hasta que se congelaron los mercados de dinero. El problema no eran las calificaciones excesivamente optimistas, sino la dependencia excesiva de los mercados mayoristas para financiar el apalancamiento”.

Sin postre

El camarero levantó los platos de la cena. Todos los comensales rechazaron pedir postres –“¿Tragarse el orgullo? No, gracias”.– y coincidieron en que un par de botellas de Chateau d’Yquem de 1982 cerrarían agradablemente la velada.

“Jamás había siquiera oído de los Vehículos de Inversión Estructurada hasta que comenzaron a estallar”, dijo el funcionario del banco central. “Les creímos a los bancos cuando dijeron que sus modelos de negocios estaban basados en la premisa de ‘desde la creación hasta la distribución’; ¿cómo íbamos a saber que una vez terminara la música, aún estarían atados a billones de dólares de deudas que habían despejado de las balanzas de pagos?”

“Vean, las tasas de ahorro interno no eran lo bastante altas como para proveer la clase de apalancamiento que necesitábamos para exprimir nuestros rendimientos de manera que se correspondieran con los de nuestros pares”, dijo el ejecutivo de un banco comercial. “Teníamos que depender de los fondos del mercado de dinero, en vez de nuestra base de depósitos. Y los mercados de dinero no se hubieran congelado de no haber sido por esas reglas ridículas de ajustar al valor del mercado, obligándonos a todos a revelar prematuramente que teníamos pilas de títulos valores que se estaban pudriendo, antes de que los precios hubieran tenido una oportunidad de recuperarse”.

Capital inadecuado

“Les dimos mucha latitud para tapar la verdad de manera que pudieran seguir solventes”, dijo el regulador. “Además, ustedes hacían su trabajo de maximizar las rentas para los accionistas. Si estos inversores codiciosos no los hubieran obligado a asumir más riesgos, nuestras reglas sobre el capital hubieran sido más que adecuadas para mantener la solvencia del sistema bancario”.

“¿Cómo se suponía que yo financiara la jubilación de miles de empleados cuando las rentas se desmoronaban simultáneamente en todos los mercados?”, preguntó el gestor de fondos de pensión. “Por supuesto, queríamos que los bancos explotaran con más rigor su capital. Estábamos en el mismo barco, tratando de mover dinero a nuevas arenas para ganar uno o tres dólares. Compramos derivados, materias primas e incluso nos tapamos la nariz y les dimos dinero a los fondos de cobertura. Eso no resultó tan buena idea”.

“Les advertimos que habría tiempos como este”, dijo el gstor de fondos de cobertura. “Si ustedes quieren años en los que rendimos 50 por ciento o 60 por ciento, tienen que esperar periodos en que perderemos 20 o 25 por ciento de su dinero. No nos verán formando fila con nuestros platos para pedir limosna en las ventanillas del rescate gubernamental”.

El camarero tosió y extrajo un cuadernillo de cuero con la cuenta de la velada.

“¿Supongo que usted es un contribuyente?”, preguntó el ejecutivo de un banco de inversión. El mozo asintió. “En tal caso, teníamos la esperanza de que usted pagara la cuenta”.

5 comments to Cena de despedida del sistema financiero

Leave a Reply

 

 

 

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>