China - Excesivo optimismo?
Para quienes perdimos por quedarnos en la renta variable estadounidense el año pasado, los mercados chinos parecen una manera segura de recuperar el terreno perdido. El índice Shanghai Composite ha subido alrededor del 45 por ciento este año hasta el 15 de mayo. Si comparamos esto con la caída del 1 por ciento de nuestro IBEX 35 o del S&P 500, no resulta difícil encontrar argumentos para invertir en acciones y fondos que cotizan en bolsa de China.
Aún así, la euforia internacional puede ser engañosa, ya que muchos analistas advierten que los inversores están inflando una burbuja. Una teoría optimista sugiere que por ser uno de los pocos países que están creciendo, China rescatará a las economías occidentales en contracción con sus boyantes mercados de préstamos y consumo nacional, que podrían convertirse en los más grandes del mundo. Pero la opinión más plausible es que China seguirá simplemente el curso de Estados Unidos, en donde están brotando “retoños” de una recuperación, la ya famosa expresión de Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal estadounidense.
Es fácil confundirse entre estos dos puntos de vista porque el futuro parece muy brillante para el país más poblado del mundo, tanto que pocos asesores financieros le recomendarían descartar al país como una participación a largo plazo en su cartera. Incluso Goldman Sachs expresa optimismo sobre las perspectivas de China. El mes pasado la empresa subió su pronóstico sobre el crecimiento económico de China del 6 al 8,3 por ciento, dando por razones el efecto positivo de que el banco central de China haya bajado su tipo de interés de referencia cinco veces desde septiembre y el paquete de estímulo del país de 586.000 millones de dólares. El optimismo de Goldman Sachs contrasta con el del Banco Mundial, que espera que China crezca un 6,5 por ciento este año. De momento, la economía china se expandió a un ritmo del 6,1 por ciento en el primer trimestre.
Si bien sigue existiendo el consenso de que China tendrá la economía más robusta del mundo en 2009, no revivirá a los mercados occidentales de vivienda, mano de obra y crédito. Mientras los demás estemos en recesión, ellos tendrán problemas. Además, la percepción de que los chinos quizá estén dispuestos a gastar más en productos de consumo y ahorrar menos –su nivel de ahorro personal es de más del 30 por ciento– también podría ser errónea. Una de las tres razones por las que las familias chinas ahorran mucho es la inadecuada atención médica. No cuentan con redes de seguridad social fuertes, así que tienen que gastar mucho en gastos imprevistos. Como la mayoría de las familias, tienen más probabilidades de gastar en atención médica que en electrodomésticos y automóviles.
Es cierto que hay un poco de ayuda en camino. Parte del estímulo chino se está gastando actualmente en su sistema de atención médica, cuya edificación tomará años. También hay preocupaciones por el sector financiero chino. Los bancos chinos triplicaron sus préstamos en el primer trimestre a 670.000 millones de dólares, y muchos de esos préstamos también podrían volverse incobrables. Actualmente, la relación financiera de China con Estados Unidos es compleja, tensa y simbiótica. Los chinos compran porciones enormes de deuda del Tesoro de Estados Unidos, que a su vez financian desde recortes fiscales de la era de Bush hasta el plan de estímulo del presidente Barack Obama de casi 800.000 millones de dólares. China ha aumentado sus reservas en divisas desde unos 340.000 millones de dólares en 2003 a casi 2 billones a fines de marzo, de los cuáles unos 1,2 billones están invertidos en la economía estadounidense. El debilitamiento del dólar y la amenaza de la inflación –una vez que Estados Unidos financie toda su deuda- erosionan el valor de las participaciones chinas. No se quedarán con la deuda estadounidense para siempre, ya que la moneda estadounidense refleja la paralizante deuda nacional de $11 billones y el déficit presupuestario federal previsto en $1,8 billones. Si los chinos deciden deshacerse de los dólares -y lo harán a la larga–, eso será perjudicial para la economía estadounidense.
Las acciones chinas también se han vuelto más caras. El PER (relación precio-beneficios) del índice Shanghai Composite era de 26,57 el 15 de mayo, casi el doble que la del índice Standard & Poor’s 500. Las empresas quizá estén mejor en China que en Estados Unidos, pero no mucho mejor en términos relativos. Para evitar una destrucción mutuamente asegurada, los chinos necesitarán construir una economía nacional lo bastante fuerte para soportar la pérdida de exportaciones a Estados Unidos. Su clase media también necesitará crecer a mucho más que un cuarto de su población. Unos 800 millones de habitantes continúan viviendo en la pobreza relativa en zonas rurales. Así que habrá que tener cuidado para no distraerse con las rentabilidades de este país. Los mercados bursátiles en Brasil, Malasia, Singapur, Suecia o Vietnam están teniendo muy buenos años y tienen mejores precios relativos.

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