Páginas

Empresas zombie

En EEUU ha hecho fortuna la expresión ‘bancos zombies’ para denominar a aquellos que siguen vivos únicamente gracias a las ayudas públicas, porque sin ellas habrían muerto dada su insolvencia. Ahora, el sector empresarial español ha importado el término pero con un sentido un tanto diferente: las empresas zombies son aquellas que no se pueden morir aunque deberían, pero no por las ayudas estatales, sino porque no tienen liquidez ni para echar el cierre, cuyo coste principal son las liquidaciones de los empleados.

Este fenómeno se está extendiendo como la espuma en los últimos meses ante las ingentes dificultades de las pequeñas y medianas empresas para conseguir financiación. La situación más o menos es la siguiente: una empresa se encuentra sin liquidez, bien porque sus ventas se han desplomado -cosa habitual en los sectores de consumo- o bien porque, aunque sigue vendiendo, no cobra esas ventas -cosa tremendamente habitual en los contratistas con las administraciones públicas-. Entonces, tiene que recurrir a líneas de crédito para financiar el circulante, básicamente pagar las nóminas (si sus clientes no le pagan, la empresa tampoco paga a sus proveedores). Líneas que ha usado sin problemas en el pasado para compensar los largos plazos de cobro.

Pero hete aquí que su banco o caja de toda la vida le ha cerrado el grifo, ya sea directamente o -más frecuentemente- mediante una fuerte subida del diferencial de tipos de interés que le cobra o mediante la exigencia de garantías adicionales que suelen comprender el propio patrimonio personal de los socios. En muchos casos, la empresa no es capaz de hacer frente a unos mayores gastos financieros y los socios no pueden aportar esas nuevas garantías. Y lo de cambiar de entidad es implanteable: “Si no damos casi crédito a los clientes de toda la vida, a los que vienen rebotados de otras entidades ni les escuchamos”, reconocen en una entidad.

Por tanto, la empresa no tiene dinero. En consecuencia, deja de pagar la nómina y se plantea el cierre. Pero como no tiene un duro, tampoco puede hacer frente a las liquidaciones de los empleados que debe poner en la calle, por mucho que les obligue a irse de vacaciones de inmediato para no tener que pagárselas. Y la alternativa de los trabajadores es mucho peor: llevar a la empresa al concurso de acreedores y ponerse a la cola durante bastante tiempo para recibir una parte (y no se sabe qué parte) de lo que les debe la empresa, cuando el juez liquide los activos de que dispone.

¿Y qué pasa entonces? Pues que la empresa no puede cerrar pero tampoco pagar a sus trabajadores para que sigan trabajando. Así que se convierte en un muerto viviente, es decir, en una empresa zombie, sin actividad y sin recursos pero que formalmente continúa existiendo. Y no engrosa las estadísticas oficiales de suspensiones de pagos. “Es surrealista que las empresas ni siquiera puedan cerrar por falta de dinero, pero la situación en España es tan disparatada que cada vez es más frecuente”, opina un pequeño empresario.

Mueren los buenos y sobreviven los malos

Pero detrás de esta historia hay algo mucho más grave todavía: “La banca está aguantando a las empresas que tenían que caer y provocando la caída de las que deberían seguir vivas”, señala gráficamente Enrique Quemada, consejero delegado de la firma especializada en operaciones corporativas One to One. Se refiere a que la banca está refinanciando a las inmobiliarias (sobre todo a las grandes) para evitar su caída a pesar de su dudosa viabilidad porque, si entran en concurso, el banco tiene que provisionar de golpe el 25% del crédito impagado. Además, todas las entidades están quedándose con grandes cantidades de inmuebles como pago de los créditos a los promotores.

“Todos esos recursos que están poniendo en el ladrillo se los quitan a las demás empresas, en un entorno en que el sector financiero tiene que acaparar liquidez para hacer frente a sus propios vencimientos de deuda”, añade Quemada. Esto significa que nos encontramos ante una especie de sistema darwinista perverso, en el que sobreviven los malos y mueren los buenos. Lo cual puede tener consecuencias verdaderamente funestas para el futuro de la economía española.

El fantasma de Japón

Una situación que tiene reminiscencias en la crisis japonesa de los 90. Entonces ocurrió allí lo mismo que en España, esto es, que los bancos -con la aquiescencia del Gobierno- intentaron salvar por todos los medios al sector inmobiliario para impedir las enormes pérdidas que les generaría su caída. Un intento que fracasó estrepitosamente, puesto que lo único que consiguió fue aplazar el estallido de la crisis y que ésta fuera mucho más dura de lo que podía haber sido, con más de una década de recesión y deflación de la que todavía no se ha recuperado el país (de hecho, está otra vez en recesión).

Francisco García Paramés, el gurú de Bestinver, es uno de los expertos que más ha insistido en este paralelismo con Japón y en el grave peligro que supone seguir los pasos del país asiático para España. En la entrevista concedida a El Confidencial aseguraba que “aquí no se asumen unas caídas de precios tan fuertes como en los países anglosajones porque tenemos otra cultura más parecida a la de Japón, de no coger el toro por los cuernos. Y cuanto más tarde en bajar la vivienda, más se alargará la crisis. El problema de ajustar así los precios es que el sistema financiero sufre; en otros países ya ha sufrido, pero aquí ese ajuste no se ha producido y tiene que hacerse. Lo que no sabemos es el impacto que puede tener en las cuentas de los bancos”.

Fuente: http://www.cotizalia.com/cache/2009/04/18/noticias_48_proliferan_empresas_zombies_tienen_dinero_cerrar.html

Leave a Reply

 

 

 

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>