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Grecia debía ser sacrificada

Hace tan solo un año que parecía que Grecia finalmente se encontraba en una posición de pasar página después de años de sufrimiento a través de la austeridad impuesta y la resultante caída del 25% en el PIB. Pasar página de las portadas internacionales, pero eso si, continuando con un muy lenta y desigual recuperación como precio que el pueblo debía pagar por la mala gestión bancaria y política durante muchas años, siguiendo la senda de países como Irlanda o Portugal.

Pero de alguna manera, Grecia decidió cambiar de rumbo con la elección de la coalición Syriza, o lo que es lo mismo, la opción anti-austeridad y en pro de la restructuración de la deuda (incluso se llegó a hablar de repudiarla por ser ilegímitima). Por aquel entonces muchos señalaban dichas aspiraciones como populistas. Ahora parece que ya no queda ninguna duda.

El gobernador de Puerto Rico dijo recientemente de su propia deuda, “Esto no es cuestión de política; se trata de matemáticas”. Las matemáticas para Grecia son fáciles: la austeridad no ha mejorado la economía y sus deudas son insostenibles.

Sabiendo esto, Syriza ya no quería jugar al juego de “extender y fingir”. Además, el ministro de Finanzas de Grecia recientemente dimitido, Yanis Varoufakis, pensaba que no tendría que hacerlo. El Señor Varoufakis, que iba por Europa recordando a todo el mundo que es profesor de teoría de juegos, creía que los líderes europeos preferirían hacer concesiones en lugar de tener que lidiar con el caos de un default griego. Se ve que Varoufakis no estaba familiarizado con la escuela Tyler Durden de la negociación: la primera regla de la utilización de la teoría de juegos es no hablar sobre el uso de la teoría de juegos.

Pero lo que es aún más obvio es que Syriza no entendía de que iba el juego.

El juego no era acerca de las matemáticas; se trata de política. Tengamos en cuenta que la principal diferencia entre Grecia y Francia es que Francia es experta en aplazar y fingir. Pese al lamentable estado de sus cuentas, Francia dice que va a pagar y sus bonos cotizan sin apenas prima de riesgo, tan sólo un poco por encima de los de Alemania. Aunque Grecia tiene un ratio de deuda sobre el PIB inmanejable, la deuda ya había sido reestructurada hasta el 2050, por lo que los pagos durante los próximos años no eran inasequibles si se subía al carro del aplazar y fingir. Políticamente, los líderes europeos prefieren dejar los futuros problemas en el futuro.

La negativa de Syriza a seguir con este juego no era sólo un problema para los tenedores de bonos, sino también para los titulares de puestos de poder. Los líderes europeos temen que si Syriza puede reclamar cualquier victoria, aunque sea sólo moral, esto inspire a otros países europeos a derrocar a sus líderes actuales a favor de los gobiernos populistas, que hacen campaña con la promesa de repudiar la deuda y acabar con la austeridad.

Aunque Mario Draghi prometió que iba a hacer lo que fuera necesario para salvar el euro, parece que esto no incluía mover un dedo para ayudar a Grecia financieramente o dar cualquier señal de apoyo del BCE a Grecia. Apenas unos días antes de las elecciones de enero, el Sr. Draghi anunció que el BCE excluiría a Grecia de la flexibilización cuantitativa durante al menos seis meses. “Hacer lo que sea necesario” está demostrando ser una promesa condicional, ya que negar a Grecia el acceso a los mercados de capitales ha sido un principio clave de la estrategia europea para presionar a Syriza.

Para cualquiera que no entienda el cuento, el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda resumió el punto de vista de los “planificadores centrales globales” cuando dijo, “confío en que muchos de ustedes están familiarizados con la historia de Peter Pan, en la que dice: en el momento que dudas de si puedes volar, pierdes para siempre la capacidad de hacerlo“. Ésto hace vital que el juego siga siendo politico y no matemático, porque tan pronto como Europa empiece a pensar en las matemáticas, se dudará de poder volar y la gravedad hará el resto.

El resultado de todo esto es que Europa no está dispuesta a permitir un acuerdo que le permita a Syriza salvar el honor, incluso si eso significa que Grecia se tenga que derrumbar y el resto de Europa sufra.

Ahora parece que Syriza ha capitulado al aceptar un acuerdo que deja a Grecia con más austeridad que cuando comenzaron las negociaciones y sin ninguna condonación o ni tan siquiera restructuración de la deuda. Sin embargo, puede que esto no sea suficiente para los líderes europeos, ya que su gran objetivo parece ser evitar a toda costa que otros países elijan a partidos populistas.

Los planificadores dictaron sentencia: “Grecia debía ser sacrificada para poder seguir volando”.

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